domingo, abril 10, 2011

El poder de los nombres propios

Hace un tiempo un estimado me prestó un libro y se ganó un espacio especial en mi memoria por ello. A diferencia de aquel autor, a mi mente no llegan las ideas ni fluye el conocimiento o la literatura por mis manos o mi lengua y, además, él es alguien cuyo nombre retumba en los recuerdos de quienes tuvimos el gusto de leerlo, a diferencia de mi, quien he tenido a lo largo de los años que llevo en Blogspot una cantidad de apodos, nombres y letras unidas sin sentido que difícilmente puedo contar. Algunos me conocieron como Alguna. Otros tantos por un juego de palabras que -odio reconocerlo- escuché en un programa estilo matinal estadounidense y me dio una pequeña idea que brotó en forma de nombre propio por mucho tiempo en otro lugar perdido que recuerdo con amor. Muchos también me ubicaron como lo que somos todos nosotros, gente que tiene un camino, y viaja por él en calidad de pasajeros. El punto es que no puedo recordar si alguna vez, en toda la historia de mis personalidades múltiples y hogares que han refugiado mis palabras, he firmado con mi nombre real.

El protagonista de la novela comprendió la relevancia de los nombres propios cuando los personajes del bien de aquellos tiempos arrebataron de su vida un ser preciado. A pesar de llorar su ausencia en un lamento sin pudor ni reparos, no puede nombrar al sujeto de su afecto. El peso de ciertas palabras que no alcanzan a ser por sí mismas un concepto me parece francamente abrumador, inquietante y fascinante; la cantidad de personas que nacen de mi lo es también. La habilidad del intelecto es poder darse a conocer, en este caso, pariendo una serie de seres que particularizan un valor, un vicio, un defecto y una virtud de una sola identidad que no tiene clara su identidad. El corazón me da tumbos porque siente y recuerda con graciosos toques de añoranza todo lo que los unía en uno solo y me delataban como la misma autora de cada uno de los escritos que han escapado de una parte de mi; viscerales, intelectualoides y racionales.

A todos estos personajes les debo parte de mi ser, especialmente porque ellos me permitieron ser un poco más honesta y franca con quienes conocieron las virtuales casas de alboroto que refugiaban ese yo que siempre quiso salir; me dejaron ser libre en mi ser más íntimo, dejar ir por sobre la realidad. Lo único que ocultaron de mi personalidad fue precisamente mi cotidianidad y mi gran cruz: mi nombre.



Manuel García
Cómo dices tú

lunes, febrero 28, 2011

Gervasoni

Y fue en ese mirador, donde encontré el frío que no congela y que refresca. Y las palabras que necesitaba escuchar, las verdades y, a veces, los pequeños embustes. Y la actualidad húmeda por el sereno, manchándome los dedos con esa tinta que no aguanta los daños del tiempo, impresa en una acidez que más adelante sería tan sepia como las fotos que me tomó mi querido amigo como recordatorio que estuvimos allí. Que reímos. Que conversamos. Y que fuimos honestos, que al final, es un valor de la vida.

Así es como quiero recordar ese puerto de mañas, ahora que soy ajena a él.




La Mano Ajena
Aves Errantes

domingo, enero 16, 2011

Noche Planetaria Azul
:: Perfecciona con el fin de soñar ::

No había dicho nada hace tiempo. No tenía nada que decir, no había nada que aportar -en mi punto de vista- al prójimo en un sentido de contar ya sea, experiencias, recuerdos, hechos, etcétera. Quise aprovechar lo que me queda del tiempo vigente en este espacio virtual -que debido a la paupérrima forma de trabajar del implemento que me conecta, es breve- para permitirme un par de licencias.

Puedo decir, con certeza, que el 01/01/11 fue el peor inicio de año que he tenido. De los que recuerdo. De todos en la corta vida que llevo. Parto con esta declaración para que se entienda un hecho secundario que ha causado un pequeño revuelo, es decir, en alrededor de dos personas que han preguntado por esto: no he mandado mails, no me he conectado a Twitter, no he hablado con nadie. Porque tengo que confesar, ganas de hablar de la cotidianidad y lo mundano no me quedan. Estuve incomunicada la primera semana. No tenía teléfono pues mi equipo anterior lo perdí en penosas circunstancias. Le he dicho feliz año nuevo -después del primero del mes- a una sola persona, porque ella me lo dijo primero. No lo volveré a decir hasta el próximo inicio de año, pues no veo razones para hacerlo.

Quizás si alguien pasa por aquí, de los que me conocen, e incluso los que no, tendrán la tentación de cambiar de página, no los culpo. Siéntanse en la libertad de hacerlo, gratamente, vuelvan si gustan, váyanse si así lo prefieren, las puertas de Internet siempre están abiertas, siempre. Pero que haya constancia de que aún estoy presente, que me dirijo en este momento con mucho dolor acumulado, que posiblemente en un futuro quizás desee eliminar esta entrada, pues ya comienza a tener una negatividad increíble. Pero no es negatividad lo que expelo, es una suerte de infortunios, malas decisiones y una serie de sucesos desafortunados que me han llevado a decir, que hoy, no tengo nada que decir. Buenas noches.

The Doors
People are strange