viernes, abril 25, 2008

Sultry rain

Mano Lunar Azul
:: Sana, conoce y realiza, en el tono del desafío ::

boomp3.com


Podría intentar mirar. Podría tratar, y correr cortinas pesadas y polvorosas. Podría querer mirar a través de la ventana, y ver la lluvia que aún no corre. Podría, pero prefiero oírla, aún cuando amo su sonido golpeando con fuerza los techos de plástico, y amo ver como baña el cemento que con la humedad se coloca aún más frío.

Aún así prefiero oírla porque, tú sabes, siempre me engañó la vista y al dejar de lado los gruesos cristales que deforman la realidad con la que "veo" a los otros simplemente los siento en la piel, escucho sus inolvidables voces, y escucho también el sonido de la lluvia fina y coqueta, pesada y violenta.

Me niego porque odio sentirla en mi piel, me niego porque no tengo ventanas para mirarla, no puedo verla como no podría ver tus ojos mirándome al decirme que te siga los pasos, que camine contigo bajo la lluvia.

domingo, abril 06, 2008

Paréntesis: la huida

Estrella Solar Amarilla
:: Sella el almacén de la belleza, creando en el tono de la intención ::




Corría, y por primera vez, podía correr y sentir que avanzaba de verdad; era la sensación gloriosa de huir, de liberarse de la improvisada cárcel. La tenía sujeta de la mano, en algunos momentos para liberarla más tarde. A pesar de que jamás la vi, sé que siempre estuvo conmigo.

Sólo recuerdo vagamente ese pasillo de madera. Las casas antiguas de este puerto no tienen nada que envidiarle a los palacetes modernos, con su lúgubre madera, sus puertas blancas y sus paredes corroídas de lamentos, en ese manicomio lleno de gente cuerda, como ella y yo. De ese asilo para jóvenes enfermos, como ella y yo.

Vi de reojo a través del marco de la puerta y en el mismo instante donde se habían ido todos a buscarnos. Era fácil perderse en aquel laberinto, y lo peor de todo, era fácil encontrarnos cuando quienes nos tenían recluidas eran expertas en el arte de escuchar los pasos a través de los muros que separan esos pasillos contiguos, esas habitaciones oscuras. Eso pensaba mientras corríamos, mientras te llevaba a subir la escala que daba al segundo piso en construcción, a jugar a la cuerda floja sobre los andamios [...]

Es difícil recordar cuando todo este tiempo lo que más ha fallado es la memoria. Es por ello que cuando la mujer nos dijo que no debíamos movernos [...] sólo salté al piso de abajo, te ayudé a lanzarte, a correr. Tomé tu mano y juntas cruzamos esa puerta, y seguimos adelante... y al fin, después de ese tiempo -que no recuerdo cuánto fue- vimos la calle, la luz de la tarde, la paz de la tarde. Al menos eso pensábamos, mientras caminábamos de incógnito, de vuelta a nuestro hogar.

Desde allí, tú y yo sabemos que no somos pacientes. Que no estamos enfermas. Que nuestra memoria no se deteriorará. Que no volveremos a ese psiquiátrico; que nos escaparemos del próximo, como lo hicimos con los dos primeros.